El sentir caribeño

     En la región del Caribe, después de la conquista, siempre ha existido una confusión sobre la identidad y la búsqueda de vías hacia el progreso; constantemente pregnadas por luchas de poderes.  Esta confusión se refleja en la falta de confianza e inseguridad con respecto a la identidad nacional.  El choque más grande se debe a que el progreso y las comunicaciones hacia el exterior siempre han dependido de los patrones establecidos por culturas de los países o potencias con los que las islas se han relacionado, o de quienes han dependido.  La conquista trajo consigo la violencia y la destrucción de la sociedad indígena. Entonces, estamos claros que todos estos países renacieron por la necesidad de una reconstrucción.

      A la reconstrucción, los conquistadores le añadieron la práctica de la esclavitud. Basado en este cambio, podemos concluir que hubo un periodo de adaptación para acostumbrarse a convivir con culturas extranjeras y hubo que reindentificar las razas.  Los españoles hasta intentaron escribir un manual para llevar cuenta de las diferentes mezclas, un manual de castas.

      Con la mezcla entre diferentes razas, y después de la independencia, se marcan también más aún las clases sociales.  En las naciones caribeñas anglofonas se nota la distancia racial muy marcada; mientras que en las naciones hispanohablantes encontramos el fenómeno del mulato y otras mezclas raciales. La identidad nacional de los caribeños está y seguirá en constante redefinición y muchos caribeños se oponen a tratar de parecerse a las culturas dominantes. Lo que sí sabemos es, que por el esfuerzo de recontruir una identidad, el Caribe se ha desarrollado un son de vida que se traduce en un sentir.

     Ese sentir caribeño es amplio; comprende diversidad de étnias, idiomas y tradiciones. Solamente al prestar atención a la diversidad culinaria podemos apreciar que no se trata de una cultura dentro de un casillero; es imposible resumir a los caribeños en un sólo grupo. Hasta la manera de pronunciar el idioma varía en tonos y añade modismos locales. Ese sentir caribeño es a su vez el elemento unificador y que abraza los inevitables cambios que redefinen a cada generación.

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